lunes, mayo 09, 2005

Almería: Historia Musical (II)

[El Hohango...]
AOG>Caramba, quién lo iba a pensar. Supongo que por aquel entonces esa parte del Zapillo sería una zona 'bien' ¿no? Estaría ya hecho el primer paseo marítimo y urbanizada casi toda la línea de playa... supongo
FM> Pues no. Cuando salí de Almería en el año 1969 aún era la tierra olvidada por todos. La miseria era general. La buena sociedad se limitaba a un par de docenas de familias; el Oliveros, el Cónsul francés, algunos intelectuales de los que luego te hablaré... No existía ningún paseo marítimo. Paralela a la línea de playa había una miserable carretera, llena de baches, que terminaba antes de llegar a Costacabana. El Hogango estaba, por tanto, a las afueras.

[Tres mundos musicales...]
AOG> ¿Y eran suficientemente activos?
[Los músicos antiguos que tocaban de manera muy rancia en el Círculo o en conciertos de la Biblioteca Villaespesa...]
FM> Estos músicos tocaban siempre sentados, con papel delante. Podría jurar que todos ellos estaban convencidos de que estaban en un gran concierto. Sin embargo, sus numeritos no pasaban de obras fáciles de zarzuela o piezas bailables, a ritmo de fox-trot. De vez en cuando, tocaban algo de Glenn Miller y movían el pie marcando el compás con lo que se sentían muy modernos.

Los conjuntos profesionales...
Estos eran los que se encargaban de las fiestas -escasas- que ocurrían por la capital o los pueblos. Notable era el cine Gong, en Roquetas. El grupo más antiguo era el de Los Trovadores, creado por el mítico Cristobal Sánchez de la Higuera, comerciante y dueño de una curiosa tienda en el Paseo, a pocos metros de la Puerta de Purchena, bajando a mano derecha, donde lo mismo se podía comprar un violín que una lavadora. Este personaje era buen conocedor de la música latina y apabulló a propios y extraños trayendo, de no sabía dónde, un extraño instrumento musical en forma de tabla de planchar (no tengo que aclarar que se trataba de un vibráfono) en el que, con dobles mazas en cada mano (qué asombro para el respetable) tocaba con mucha gracia improvisaciones que aún hoy día sonarían bastante bien.
Como no sabía música tenía algunas limitaciones: nunca le pude oir tocar en otros tonos que no fuesen Do, Re, Fa y Si bemol.
Creo que murió hace muy poco.
Con él tocaba entonces un músico notable: Emilio Leseduarte Muley, violinista mediano pero excelente saxofonista (después de treinta años de andar por el mundo, no he encontrado un tipo que sacase mejor sonido al pito que este hombre). Había estado en Madrid y nos asombraba contando que en los estudios de grabación de entonces, no se tocaba el bombo de la batería porque los micrófonos no conseguían recoger el sonido sin saturarse. Este hombre está retirado y es el dueño de la encuadernación que existe en la Calle Real. Si vas a verle, estará encantado de contarte cosas sobre el mundo musical de Almería.

AOG> ¿Qué tipo de música tocaba cada uno? ¿Se iba mucho más allá del pasodoble?
FM> Realmente no había creadores, en Almería. Todos esran versioneros, claro está, cada uno con mayor o menor fortuna. Los Trovadores y los Rudy Jazz (de los que te hablaré otro día) se especializaban en lo que es el esquema de un grupo de Jazz, es decir: tocar el tema (salsero o jazzístico) todos juntos y, a continuación, improvisar cada uno su parte según sus posibilidades. Al menos, estos dos conjuntos que te cito, podrían aparecer ahora y no hacer el ridículo.
Otro día te contaré lo de los conjuntos de aficionados.

AOG> Pues si esa era la banda del Círculo Mercantil (ahora en contínuo declive), ello dice poco del interés por la música que pudieran tener los almerienses por entonces, ¿o me equivoco?
FM> Durante años se recordó la visita que hizo Teddy Bautista con su conjunto que aún no se llamaban Los Canarios (entonces erán Los Ídolos) en una feria de verano. Tocó en el Círculo con sus melenas rubias ¡¡en 1967!! y, claro: los bienpensantes no osaban acercarse a varios metros de él. El encargado de la Comisión de Festejos que se había encargado de contratarlo era Antonio Pumarola, un facha con bigotillo a lo Hitler que era el dueño de la agencia de Publicidad Cir (en la Rambla Obispo Orberá) donde yo trabajaba de dibujante y vino corriendo a decirme asombrado: "Pero... si hablando parece una persona normal..."

[Pagando un suplemento venía un individuo a tocar la bandurria a los pies de la cama mientras uno hacía su faena...]
AOG> ¿Se les hacía muy duro?
FM> Se tocaba exclusivamente por las propinas. Algo inconcebible ahora, ¿no? Los músicos esperaban en una sala, con un botijo al lado. Cuando no llamaba nadie para la faena, no se cobraba.
Bueno... esto pasaba antes de yo llegar a Almería. Me lo contaban los que lo habían hecho. Eso podía ser en los años cincuenta.

AOG> Y por otro lado, ¿cómo era la gente de Almería por entonces?
FM> Siempre me llamó la atención el hecho de que, a pesar de ser la tierra más pobre y olvidada de España por aquel entonces (nadie sabía ni lo que era un invernadero) la gente era de lo más simpática y acogedora que yo he conocido nunca. Había muchos enfermos de la vista por "tracoma", una infección que ataca a los que manejan el esparto (la confección de estropajos a mano era la industria más boyante) y afectados de poliomielitis (resto de una epidemia que habría sucedido alrededor de 1940).
Había muchas más mujeres que hombres: la emigración había desplazado a los hombres a Barcelona o a Europa. Las chicas paseaban arriba y abajo por el Paseo (por el centro: no había apenas coches) en grupos de seis o más, cogidas del brazo y abordaban a los chicos que iban solos (así me espabilaron a mí)

AOG> ¿Tenía la sensación de estar abandonada del resto de Andalucía y la Península?
FM> Para cualquier gestión había que desplazarse a Granada (tuve que ir allí a hacerme el psicotécnico para el permiso de conducir) o a Murcia para cualquier asunto sanitario.

AOG> ¿Qué había de bonito en Almería?
FM> Las mujeres eran estrechas (lo exigía el momento) pero encantadoras. La Alcazaba no era visitada más que por algún despistado. No había turistas extranjeros salvo los residentes en Costacabana, que no salían de allí.
El entretenimiento favorito era ir a pescar al puerto. Era tal la abundancia de peces que era imposible volver a casa sin un par de kilos de algo. En el Club Naútico, que estaba al lado del descargadero de mineral (al que llegaba el tren), la arena era roja, por el óxido. Pero la gente se bañaba. ¡Ah!, el bikini era algo impensable. Los pulpos vivían en agujeros en la arena del fondo, entre los pies de la gente. Con el agua por la cintura, sólo había que agacharse y agarrar uno. Más allá, por la playa de San Miguel el agua era tan verde como en las películas del Caribe. En el faro del puerto pesquero habitaba un pequeño mero de cinco kilos, a tres metros de profundidad. Yo lo veía casi todos los días, pasando al lado mío.

[La cagada de mosca del Maestro Barco...]
FM> Maldición: me he pasado de tiempo; otro día será.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola a todos, Cristobal Sánchez de la Higuera era mi tío, cierto que no sabía música pero cualquier instrumento en sus manos era la más estupenda melodía. De niño viajó con su madre, Dña. Piedad, a Málaga y se empeñó en que le comprara un acordeón, a lo que ella se oponía por no saber tocarlo. Tanto insistió que el propietario de la tienda le dejó uno y...¡¡¡sorpresa!!! "salió tocando España Cañi". ¿Recuerdan a Machín tocando las maracas? Pues él no le quedaba a la zaga...todo un deleite para nuestros oido.Falleció hace más de 20 años. Saludos.

www.mundomusicalmeria.com dijo...

Hola, somos
http://www.mundomusicalmeria.com/mundomusic/historia/nuestra_historia.htm

Este mensaje es para el sobrino de Cristo Sánchez de la Higuera, nos gustaría contactar contigo.

Gracias

SILENTHILLTHEROOM@HOTMAIL.COM dijo...

hola yo soy nieta de Cristo Sanchez de la higuera pienso que no deberían escribir sobre alguien sin conocer su historia O "LIMITACIONES"esta publicación deja mucho....... pero muuucho que desear por favor documentese. Mónica

Unknown dijo...

Hola. Soy Marina Leseduarte. Nieta de Emilio Leseduarte Muley. Ciertamente, para mi, uno de los grandes de la época. Vivió siempre rodeado de todo lo que tubiése que ver con la música. Su entorno estaba como lleno de tesoros con valor sentimental, así lo veia de pequeña. Sus cuatro hijos(mi padre Juan Carlos) continuaron con la profesión de su padre, cosa que mi hermano y yo tubimos el regalo y el placer de disfrutar. Fuimos también afortunados de conocer la encuadernación artesanal de libros y la afinación y reparación artesanal de instumentos(piano sobre todo) a lo que se dedicaban en familia de forma paralela con la música. Era muy pequeña pero lo recuerdo como lo que era. Un artista.